“Casualidad o coincidencia” / Voz del asociado

Henry Calderón / Voz del Asociado/

Son dos palabras las cuales usamos muy frecuentemente cuando nos sucede algo, que puede ser agradable o desagradable, esperado o no esperado y nos preguntamos ¿Esto es una casualidad o lo que sucede es una coincidencia?

Se define que la casualidad es la combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar y la coincidencia es la acción y efecto de coincidir, es decir ocurrir a un mismo tiempo, convenir en el modo, ocasión u otras circunstancias.

Aclarando estos dos conceptos, la casualidad estaría más ligada al azar, la coincidencia lleva una serie de condiciones, estamos en el sitio adecuado en el momento oportuno.

Como hijos del Señor, las casualidades o coincidencias no existen, porque se tiene la convicción que es el Espíritu Santo que nos guía a ser proactivos e insistir y ponerse en acción a realizar algún don, fruto o tarea para glorificar el nombre del Dios eterno.

Cuando el Señor Jesús es sentenciado a muerte, se dan dos eventos, la experiencia de dos hombres; Simón de Cirene y José de Arimatea, quienes fueron testigos de la crucifixión y muerte de Jesús, realizando una tarea que fue significativa.

“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera”.    Marcos 15:21-22 (VRV1960).

Simón de Cirene venía del campo, escuchó que en la ciudad algo estaba sucediendo, observando se percató que llevaban a varios hombres para ser crucificados, dándose cuenta que uno de ellos era el que hacía milagros, el que en sus mensajes hablaba de amor y esperanza.

Los soldados lo llamaron y lo obligaron a llevar la cruz de Jesús hasta el monte de La Calavera. No existen casualidades o coincidencias, allí conoció a Jesús no solo por haber llevado la cruz, sino también porque para Simón este evento tuvo que representar  un cambio en su vida, lo conoció, lo siguió, le creyó, lo amó y vivió para Él.

Llevó este testimonio a su hogar, donde creyeron y siguieron a Jesucristo.

“Les mando saludos a Rufo, que es un distinguido servidor de Cristo, y a su madre, que me ha tratado como a un hijo”. Romanos 16:13 (VLA2003)

 Por otro lado, tenemos a José de Arimatea, de la ciudad de Judea, miembro del concilio y que esperaba el reino de Dios, este entró osadamente ante Pilato para pedir su cuerpo, tampoco fue casualidad o coincidencia, el Señor estaba trabajando en su corazón para que siguiera a Jesús y así donara el terreno donde le dieron sepultura.

“Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie”. Lucas 23:50-53 (VRV1960).

Para el Señor no existen casualidades o coincidencias, Él tiene el control del tiempo y el lugar preciso para llamar a todo hombre o mujer:  un técnico en salud, un profesional de salud, un oficinista, carpintero, albañil, taxista, agricultor, una madre, padre, abuelo, niño, etc, para ser su siervo y discípulo.

Este es el momento de seguir a Jesucristo y ser obediente a su Palabra y ver la transformación en la vida de cada uno de los que él llama para dar testimonio de su amor y glorificar al Padre Eterno.

“Padre eterno, tú tienes el control de todo, nada de lo que nos das es por casualidad o coincidencia. Nos ha llamado, a ser obedientes a su Palabra y a ser buenos administradores de lo que has dado a cada uno de acuerdo con tu soberanía, voluntad y misericordia. Que el amor de Cristo reine en el corazón y que el Espíritu Santo nos revele tu voluntad, con un espíritu de conocimiento y de carácter santo”. Amén.