Importancia de los aspectos espirituales y religiosos en la atención de pacientes quirúrgicos

(Parte I)

Marcelo Fonseca Canteros / Servicio de Cirugía, Hospital Dr. Ernesto Torres Galdames, Iquique, Chile /

Durante las últimas décadas la espiritualidad y la religión se han retomado como aspectos importantes en la atención de pacientes, no solo para la toma de decisiones, sino como elementos que influyen positiva o negativamente en la evolución clínica y en la calidad de vida de los enfermos.

Esto se ha traducido, entre otras cosas, en que en la mayoría de los países, la recepción de los cuidados espirituales y religiosos durante hospitalizaciones sea un derecho garantizado por ley.

Sin embargo en la práctica, en la mayoría de las ocasiones esto solo queda reservado a algunos pacientes oncológicos terminales y/o con enfermedades catastróficas.

El objetivo de este trabajo es presentar la importancia de la espiritualidad y la religión en la atención de pacientes, especialmente en los quirúrgicos.

Introducción

La espiritualidad y la religión se han convertido en un tema de interés en salud, existiendo múltiples estudios que examinan la relación entre estas y su potencial para prevenir, curar y hacer frente a las enfermedades.

No obstante, en contraposición a esta tendencia, son tomadas menos en cuenta en especialidades médico-quirúrgicas, orientadas cada vez más a la tecnología.

Existen múltiples definiciones de espiritualidad, las cuales varían según diferencias culturales, filosóficas y religiosas.

El consenso sobre la mejora de la calidad de los cuidados espirituales como una dimensión de los cuidados paliativos define la espiritualidad como «el aspecto de la condición humana que se refiere a la manera en que los individuos buscan y expresan significado y propósito, así como la manera en que expresan un estado de conexión con el momento con uno mismo, con otros, con la naturaleza y con lo significativo o sagrado».

Por otro lado, el diccionario de la Real Academia Española define religión como: «Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto».

Por lo tanto, espiritualidad y religión no son lo mismo, la espiritualidad se establece como una capacidad humana universal, pero no necesariamente relacionada y expresada en la práctica religiosa, la cual está asociada en mayor medida al hábito, a la costumbre y al dogma e incluye creencias, prácticas y rituales relacionados con lo sagrado.

Contexto histórico

El concepto de enfermedad y su enfrentamiento ha tenido una evolución pendular a través de la historia.

Desde la interpretación mágico-religiosa del proceso salud enfermedad, en donde la enfermedad era un castigo de los dioses y el médico cumplía un rol sacerdotal, pasando por la medicina científica-racional griega, hasta la visión opuesta y dicotómica del renacimiento, la cual separa completamente la religión de la ciencia y lo espiritual de lo material.

Actualmente el papel de la espiritualidad y religión en la salud en general, y en la práctica quirúrgica en particular, se ha comenzado nueva y paulatinamente a reconocer, pero siempre con escepticismo por parte de la comunidad médica y ridiculizando a aquellos miembros que trabajaron en el tema.

En el año 1910 el British Medical Journal invitó a Sir William Osler —para algunos el médico más influyente del siglo XX— a realizar un editorial sobre las personas que dependían de la fe y la oración en lugar de profesionales de la medicina para el tratamiento y la curación de sus enfermedades, Osler concluyó este editorial titulado «La fe que sana», con el comentario «todo el tema es de gran interés para mí.

Siento que nuestra actitud como profesionales no debe ser hostil». El cirujano y Premio Nobel de Medicina en 1912, Alexis Carrel, fue otra víctima de la intolerancia de la época.

En 1903 fue testigo y relató una curación científicamente inexplicable de una joven que padecía peritonitis tuberculosa en Lourdes, la cual fue atribuida a la Virgen de ese lugar.

La publicación de este hecho provocó su enemistad con los miembros de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lyon, lo que contribuyó a su salida de Francia hacia Canadá y posteriormente a Estados Unidos, en donde recibiría el Premio Nobel por sus múltiples aportes, principalmente en relación con el cultivo de tejidos, anastomosis vasculares y con el trasplante de órganos.

Barney Brooks, jefe de cirugía en el Hospital de la Universidad de Vanderbilt de 1925 a 1951, evaluó las necesidades psicológicas de los pacientes sometidos a cirugía, comunicando sus resultados en una conferencia titulada «Medicina Psicosomática», en la cual concluye que el estado mental del paciente estaba a la par con las habilidades quirúrgicas del cirujano para los resultados finales.

También destacó la naturaleza psicológica del cirujano como vital para la relación médico-paciente, considerando que algunas personas con habilidades técnicas, pero socialmente deficientes eran indignos de la profesión, como era de esperar sus conclusiones fueron rechazadas por sus pares.