Estamos viviendo con fe o con optimismo

Henry Calderón Garita / Socio /

 Un antes y un después, un cambio en nuestro estilo de vivir, la era del internet de las redes sociales, cambios drásticos en la economía mundial, teletrabajo, afectación en la economía en las familias, inestabilidad laboral y que decir las situaciones en el núcleo familiar, aquí se pueden enumerar una cantidad de situaciones personales y sociales que ha traído la pandemia COVID-19 en nuestro país y en todas las naciones fuera de nuestras fronteras.

Sin duda, nos ha rodeado un panorama pesimista, lo cual nos ha afectado emocional, física y espiritualmente.

Ante este panorama no muy alentador ¿qué nos ofrecen los gobiernos? Los economistas entendidos en la materia, los sociólogos, los expertos en salud y los líderes religiosos, ofrecen el antónimo del pesimismo, el optimismo que se define como una actitud mental, donde juzga las cosas en su aspecto más positivo o favorable.

Es la capacidad de generar estímulos propios con la perspectiva de vencer una barrera u obtener un logro. Sin embargo, el optimismo no es permanente, oscila entre el buen humor y la preocupación, no es constante para enfrentar el dolor, el sufrimiento, las amenazas, ni la muerte.

A los que han nacido de nuevo y han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador, el Espíritu Santo les guía a confiar en Dios, es decir tener fe.

La fe que debemos tener es diferente al optimismo y la automotivación para alcanzar una meta.

“Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1 RV1960)

La fe en el Señor tiene que ser superior al optimismo, porque da la capacidad de mantenerse firme en las peores adversidades de la vida. Por eso el Señor Jesucristo dijo que si teníamos fe como una semilla de mostaza, nada sería imposible. Una semilla de mostaza es la más pequeñas de todas las semillas y crece hasta ser un gran árbol, así tiene que ser la fe en el Señor.

“Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20 RV1960

La fe en el Señor es como un tesoro, pero hay que ser humildes para poder obtener este hermoso regalo.

Con esto, no se quiere decir que ser optimista es incorrecto, es necesario dar declaraciones positivas para enfrentar los retos de la vida cotidiana (los estudios, el trabajo, la familia, etc.), pero esos esfuerzos o disciplinas no van a hacer suficientes, tampoco la fe en el Señor no anula la capacidad de pensar, de razonar, de usar los recursos científicos, académicos, tecnológicos, etc.

Pero pudiera ser que estemos en una burbuja muy frágil, creyendo ser autosuficientes.

El autor de libro de los Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo en todo el capítulo 11, nos enseña qué es la fe verdadera y lo que el Señor espera que los cristianos practiquemos y atesoremos en el corazón.

 “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones” (Hebreos 11:32-33).

¿Cuál fue la clave de estos hombres y mujeres?. La fe, simplemente la fe en el Señor.