Marvin Abea: “Anhelo volver a predicar en los hospitales”

Marvin Octavio Abea Juárez siempre ha sido evangelista, desde que entregó su vida al Señor.

Él, durante aproximadamente una década, predicó el evangelio en los centros hospitalarios de Puntarenas, labor que quedó detenida por causa de esta pandemia.

Por ello anhela de todo corazón, que este proceso se acabe, para volver a los hospitales y a los centros penitenciarios a ministrar la Palabra de Dios, como lo hacía antes.

Don Marvin, es parte del grupo de apoyo de Asocriip, en el hospital Monseñor Sanabria.

No se ha detenido

Pero Marvin Octavio no se ha quedado quieto,  hablar de Jesús es parte de su estilo de vida y en cualquier lugar donde esté, ese es su tema favorito.

Es un evangelista nato, de esos que todavía realizan actividades al aire libre, predica en las calles y en las paradas de autobuses.

De hecho, él afirma que el 99 % de su labor evangelística la realiza fuera de las cuatro paredes de la iglesia.

Actualmente su ministerio se ha fusionado con otros dos, uno se llama “Los valientes de Jehová” y el otro “Revolución Juvenil”, dirigido por Mr. Jeff, un evangelista con  énfasis juvenil.

Afiche promocional de una actividad evangelística.

Su conversión

Marvin llegó a Costa Rica a la edad de 20 años, oriundo de su natal Nicaragua. Hace muchos años atrás logró la residencia.

Su madre tenía un bar muy conocido en Puntarenas, su nombre “Portón Verde”, el cual se convirtió en una trampa para Marvin, por cuanto desde su llegada al país, se involucró con licor, mujeres, bailes y discotecas, que dieron al traste con su familia, por cuanto  destruyó su relación de pareja.

Eso lo hizo caer en una terrible depresión a tal grado que tomaba licor todos los días, hasta llegar al momento en que la comida no le pasaba de la garganta y comenzó a angustiarse.

Fue en la soda de “Doña Mela”, ubicada en el mercado central de Puntarenas, que le fue presentado el plan de salvación.

Un día intentó ir a comer algo en ese lugar y no pudo, entonces doña Melania López -dueña de la soda- se le acercó y le preguntó qué le pasaba.

Él le contó lo que le acontecía en forma breve y ella le expresó a Marvin, que estaba enfermo del alma y que la única solución a su dolor y esclavitud estaba en Jesús.

Ahí fue el inicio de un cambio de vida para este joven, que pocos años después sería llamado al evangelismo, pero de una manera sólida.

Su madre doña Liliana Juárez, de 80 años de edad, también abrazó el cristianismo y coincidentemente cumple años el 22 de setiembre,  igual que “Doña Mela” (su madre espiritual).

Su ministerio evangelístico no se ha detenido.

Llamado ministerial

Ya son 26 años de ministerio en las calles, paradas de buses, al aire libre, centros penitenciarios y desde luego hospitales.

Marvin Octavio opina, que la Iglesia ya estaba escondida desde mucho tiempo antes de que viniera la pandemia, desobedeciendo al mandamiento de la “gran comisión”, de ir por todo lugar y predicar el evangelio.

Argumenta, que ahora con mucho más razón las congregaciones no quieren evangelizar, con la escusa del tema del Covid-19.

En la actualidad, está clamando a Dios para ir a predicar las buenas nuevas en algunas zonas muy peligrosas de Puntarenas, como “20 de noviembre”, Camboya, San Luis y El Progreso, donde la delincuencia y las bandas se han adueñado de estos lugares.