Hilda Ching más de dos décadas en grupos de apoyo

Hilda Ching Zamora, tiene cerca de 25 años de colaborar en el grupo de apoyo de Asocriip del Hospital Max Peralta de Cartago.

Ella anhela que se acabe pronto esta pandemia, para volver a ministrar enfermos, algo que disfruta en demasía.

“Orando por pacientes uno experimenta la gloria de Dios, ve milagros y sanidades maravillosas, que en ocasiones no se dan en las iglesias, pareciera que Dios se luce con los casos imposibles, donde a veces los mismos médicos ya dan la batalla por perdida”, afirma doña Hilda.

Impresionante milagro

En una ocasión en cirugía de hombres vio a un joven de unos 28 años, que había tenido un accidente en una moto, lo cual le produjo afectación en las dos piernas, pero una de ellas, prácticamente estaba guidando.

“Su estado era tan dramático que yo no quería verlo. Me acerqué a él, lo llamé por su nombre y le hablé de Dios, pero, estaba muy resentido con el Señor”, recuerda doña Hilda.

Afirma que este caballero se quejaba de Dios constantemente, tanto por su estado de salud, como por la muerte de su madre producto de un paro cardíaco, cuando le avisaron que él había tenido un accidente.

“Después de un rato de platicarle la Palabra, su rostro comenzó a cambiar y más bien derramó algunas lágrimas “, recuerda nuestra entrevistada.

Sus dos piernas estaban muy mal, pero una en estado de pudrición, debido en parte a que -según los médicos-  el nivel de estrés que él manejaba impedía que los medicamentos tuvieran efecto.

Un rato después el paciente aceptó a Jesús como Señor de su vida y empezó a sonreír, haciéndole varias promesas a Dios si Él sanaba sus piernas.

Esta visita fue un viernes y el lunes cuando doña Hilda regresó al hospital, se encontró a este joven no en una cama, sino en silla de ruedas y con otro semblante.

“Dios hizo un milagro, me realizaron el injerto y la piel está seca, estoy más que emocionado”,  dijo el paciente.

Al tiempo que un médico se acercó a doña Hilda y le manifestó que no dejara de visitar el hospital.

“Por favor no deje de venir a orar por los enfermos, hay momentos en que la medicina se queda perdida y solo la mano divina funciona”, agregó el galeno.

Un año después se enteró de que este paciente era un funcionario policial y que además asistía a una congregación.

Evangelizando a un sacerdote

Recuerda que, en una ocasión en medicina de varones, se encontró con una persona que llevaba una gran cruz en su pecho.

“El Señor lo bendiga, le dije, él me respondió, Dios la bendiga hija, yo soy sacerdote… e iniciamos una plática, pero cuyo objetivo en mi, era presentarle el plan de salvación, para lo cual el Espíritu Santo me apoyó con gran acierto”, enfatiza.

Ella comenzó a hablarle de Dios y aquel hombre la escuchaba con mucha atención, mientras doña Hilda le compartía el tradicional Padre Nuestro, pero con una interpretación meramente bíblica.

Cual fue su sorpresa, que aquel hombre comenzó a llorar, mientras se le ministraba la Palabra.

Al final recibió a Jesús como Señor y meses después, dejó los hábitos.

Estos son, solo dos testimonios de muchos, que doña Hilda Ching guarda en su memoria, pero asegura que cada semana, Dios se glorificaba en cada uno de los integrantes de los grupos de apoyo.

Líderes que han marcado su vida

Para doña Hilda Ching, haber trabajado con la doctora Mauren Moulton, como coordinadora del grupo de Asocriip en el hospital Max Peralta durante varios años, fue toda una escuela, por cuanto su liderazgo y firmeza, marcaron su vida en la visión de ministrar pacientes.

En la actualidad, asegura que una líder de mucho peso es la Dra. Liliana Vega, quien también ha bendecido mucho su vida, con su ejemplo y modelo ministerial.