La luz / Voz del asociado

Henry Calderón / Voz del Asociado /

Cuando empieza a amanecer, es decir, al salir el sol o aparecer la luz del día, es emocionante escuchar el canto de las aves y el susurro del viento, hay también una sensación de bienestar, confort, vitalidad y alegría.

¿Qué es la luz?

La luz (del latín lux, lucís) es una onda electromagnética capaz de ser percibida por el ojo humano y cuya frecuencia determina el calor.

Es la forma de energía que ilumina las cosas, las hace visibles y se propaga mediante partículas llamadas fotones.

Pero más que una definición, la luz nos afecta y estimula tanto física como psicológicamente. Mientras que la falta de luz hace que nos sintamos somnolientos.

Por eso su presencia nos ayuda a estar alerta y activos, contrarresta los trastornos depresivos, refuerza el sistema inmunológico, optimiza la función cognitiva del cerebro, aumenta la producción de serotonina y mejora la salud visual.

Y la falta de luz, produce cansancio, estrés, dolor de cabeza, fatiga, problemas de concentración, entre otros aspectos.

Si la luz natural que fue creada por el Señor nos da tantos beneficios y la falta de ella nos lleva a estados desfavorables para la salud, ¿Cuánto más nos puede dar la luz que nuestro Señor Jesucristo nos ofrece, tanto en lo espiritual como en lo emocional?

 “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:9-12 VRV1960).

Al estar en oscuridad espiritual, Cristo viene a ser la luz que alumbra a todo hombre, cuya condición es aceptarlo y que gobierne la vida, para que al creer en Él y ser obediente a sus mandamientos, nos dé potestad de ser hijos del Padre Eterno.

Él es el único que alumbra el camino que nos conduce a la vida eterna. Pero antes nos invita a dejar de hacer lo malo, ya no seguir las corrientes de este mundo que es pasajero, no seguir las falsas doctrinas.

“Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:20-21 VRV1960).

Los que prefieren la verdad se acercan a la luz, quieren que los demás sepan que son obedientes a la Palabra del Señor y son el reflejo del amor de Cristo.

Porque los frutos del Espíritu Santo van a dar buen testimonio, glorificando al Señor en todo lo que se hace.

 “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero y alumbre a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16 VRV1960)

La vida tiene que ser como un faro que alumbre con intensidad y que nunca se encuentre apagada, avivándola todos los días en oración y conocimiento de la Palabra del Señor.

“Señor somos el reflejo de ti,  tu Palabra nos dice que somos la luz del mundo y que no debemos de encondernos, al contrario estar en lo más alto para alumbrar aquellos que todavía no te conocen, con la ayuda del Espíritu Santo demos testimonio de tu amor, misericordia, gozo, paz, paciencia, bondad, humildad, fe. Crucificando el viejo hombre y vivir en el espíritu, deleitarse en tu Palabra y meditándola de día y de noche”. Amén.