La necesidad de cambios en los sistemas sanitarios

Juan Carlos Nogal /Secretario nacional de «Enfermeras Cristianas de España» / Foto con fines ilustrativos /

Desde hace algunos años se han levantado voces dentro de los profesionales sanitarios y de otros sectores de nuestra sociedad, denunciando la pérdida de valores de nuestros sistemas de salud.

Vivimos en un modelo biomédico y biotecnológico que prioriza la enfermedad /curación y separa a la persona de su entorno y las dessocializa cuando se enferma.

Un modelo diseñado exclusivamente para enfermedades agudas y centrado en lo orgánico y patológico, que implica una alta especialización y compartimentación del ser humano.

En este orden de cosas asistimos a una medicalización de la sociedad, con la carga de la burocracia y el mercantilismo que esto conlleva.

El bioético español Javier Gafo en su libro “Diez palabras claves en bioética”, relacionaba esta cuestión con la despersonalización, con la pérdida de los atributos humanos, con la pérdida de la dignidad, con la frialdad en la interacción humana.

“… esto viene determinado por aspectos como la cosificación del paciente, la perdida de sus rasgos personales y el descuido de la dimensión emotiva y valórica; la ausencia de calor humano en la relación profesional, el sentimiento de impotencia en la praxis sanitaria y la falta de autonomía del enfermo que termina siendo manipulado y objeto pasivo de cuanto acontece en torno a él…”.

Muy lejos está el recuerdo del informe de 1974 del Ministro de Salud canadiense Marc Lalonde, que explicaba cómo los estilos de vida eran los determinantes más importantes en el proceso de salud-enfermedad o también la Carta de Ottawa de 1986 instando al desarrollo de la promoción de la salud reorientando los servicios de salud a la prevención, creando ambientes favorables y fortaleciendo la acción comunitaria.

Nuestra atención primaria, hoy en día, está deprimida, infravalorada y con pocos recursos y solo se utiliza como puerta de entrada para la atención especializada.

Además, este sistema de valores centrado únicamente en lo patológico, subestima el comportamiento personal frente a la enfermedad, la narrativa subjetiva del proceso e ignora su dimensión social.

Acogemos con beneplácito el desarrollo de nuevas tecnologías y avances en ciencias médicas, que le permiten curar enfermedades y prolongar la vida de muchas personas.

Sin embargo, como hemos observado en la actual pandemia SARSCOV2, tienen como contraparte un aislamiento de la persona, una pérdida de la calidad de vida (vivimos más tiempo, pero en peores circunstancias), y la muerte en soledad, lejos de nuestros seres queridos sin poder despedirnos.

La enfermería no es ajena a esta tendencia. Aunque nuestra profesión tiene un fuerte sentido holístico y un cuidado integral de la persona, se hace difícil desarrollar sus principios frente al statu quo.

Como muestra un botón; si analizamos los estudios científicos realizados por las enfermeras encontraremos que un porcentaje muy alto son de tipo cuantitativo, en aplicación temática y biomédica.

Limitados son los de un tipo cualitativo como abordar aspectos fenomenológicos tales como la narrativa de lo subjetivo, los aspectos emocionales, sociales y la experiencia del proceso de salud / enfermedad, dolencia y sufrimiento.

El cuidado presupone técnica y habilidad, pero también debe ir más allá, porque hay realidades del ser humano que no pueden ser estudiadas por la ciencia.

Cuando un profesional se enfrenta a un conflicto ético en su interacción con el paciente, no solo debe aplicar racionalmente los principios éticos básicos, sino que al producirse una reacción emocional por ambas partes, hace imprescindible ponerse en el lugar del otro, compadecerse del otro, mirar y escuchar al otro, en definitiva, cuidar al otro.

Las emociones nos influyen a la hora de tomar decisiones y no podemos negar su influencia y repercusión en la relación enfermera-paciente.

El cuidado presupone técnica y habilidad, pero también debe ir más allá, porque hay realidades del ser humano que no pueden ser estudiadas por la ciencia.

Desde nuestra perspectiva, de la enfermería cristiana, este contexto nos presenta oportunidades multiformes de respuesta y de mostrar la vida de Cristo.

El Evangelio está lleno de valores como la compasión, la misericordia, la escucha activa, la empatía, el liderazgo sacrificial, la búsqueda de lo diferente, el amor por el otro, etc.

Todo esto es fundamental para nuestra profesión. Cristo no vino únicamente a salvar las almas de las personas, se entregó completamente, para salvar la totalidad del hombre.

Desde nuestra perspectiva cristiana, podemos actuar abordando las necesidades de las personas que cuidamos presentándoles el mensaje de esperanza del Evangelio.

Como caso ilustrativo de lo anterior, el grupo de enfermería cristiana de España, está realizando un proyecto con el Hospital Evangélico de Barcelona en la formación de valores entre los profesionales sanitarios y creado un grupo piloto sobre espiritualidad y cómo influye esta, en toda la atención que se presta.

Para terminar, simplemente dejar como reflejo la famosa frase “curar a veces, aliviar a menudo, pero siempre comodidad y cuidado”.

Jesús nos mostró que los necesitados están entre nosotros y siempre podemos cuidar de ellos.