Los milagros sí existen

Henry Calderón Garita / Afiliado de Asocriip /

Me gusta leer historias y contarlas si tengo oportunidad.

Aunque esto último de contarlas es ahora más difícil, eso debido a la tecnología, es decir la mayoría de las personas utilizan los celulares o computadoras para estar conectadas a las redes sociales, otros por supuesto dedican más tiempo a ver televisión.

Como creyentes en el Señor Jesucristo, se que hay familias que se reúnen para compartir la Palabra del Señor, leyendo y comentando un devocional.

Son muy pocos, por no decir que ya casi nadie se reúne para escuchar una historia, esto refiriéndome a la sociedad en general.

Ahora bien, si me lo permiten quiero contarles una historia real, de un hombre creyente en Cristo, al cual vamos a llamar Abelardo, él  pudo comprobar que los milagros si existen y que están en nosotros todos los días.

Pero antes de relatar el milagro que vivió Abelardo, voy a escribir una o varias definiciones de milagro (lat.mi-raculim), tomadas del diccionario universal y diccionario bíblico.

“Milagro es una situación, un fenómeno o una acción que no puede explicarse a partir de los principios naturales y que, por lo tanto, es importado a la participación de una entidad divina”.

Milagro para el lenguaje cotidiano, puede ser “cualquier tipo de suceso sorprendente, maravilloso o fuera de lo común, que causa asombro o admiración”.

Milagro para los cristianos, “son eventos que exceden lo natural y que suponen una manifestación del amor que siente el Señor por las personas”.

Pese a que la comprobación racional de un milagro podría llegar a demostrar la existencia de Dios, los teólogos del cristianismo no creen que haya que buscar pruebas científicas para certificar la presencia divina en el mundo.

Habiendo hecho un pequeño recorrido por varias definiciones de milagro, retomemos la historia del milagro que vivió Abelardo.

Hace varios años, Abelardo, empezó a padecer de unos dolores fuertes en su cuerpo, lo cual le molestaba constantemente, es decir todo el día, inclusive en las horas de sueño.

Como creyente en Cristo, en sus oraciones, pedía sanidad.

Comentándole a su esposa, ella le aconsejó que asistiera a un médico, para que fuera valorado y saber de qué le provenía dicho dolor.

Él entonces se acordó de Proverbios 12:15, que dice: “El camino del necio es derecho en su opinión; más el que obedece al consejo es sabio”.

Él consideró que su esposa actuaba con mucha sabiduría, por lo tanto, acatando el consejo, asistió donde el médico, porque en su corazón estaba también la cita de Proverbios 14:1 “la mujer sabia edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba”.

Se realizó varios exámenes, enviados por el médico tratante y el diagnóstico no fue nada alentador.

Aconsejándole que, tanto en su trabajo como en las labores diarias en su hogar, tenía que cuidarse mucho. Y por supuesto dicho consejo, acompañado de medicamentos.

Pero en un lapso corto,  olvidó todos los consejos y por ganar un dinero más, aceptó otro trabajo, el cual comprometió su salud, por lo cual muy pronto tuvo que quedarse en casa, incapacitado y con diagnóstico reservado.

Otra vez el libro de los Proverbios vino a su mente, con la cita 16:16 “Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; y adquirir inteligencia vale más que la plata”.

Volviendo a la historia, debo decirles que el médico le dijo que solo con cirugía se podía resolver, ya que su salud estaba comprometida.

Pero el costo de la cirugía era elevado, el cual no lo podía asumir.

Empezó la famosa pregunta, ¿qué voy a hacer? y ¿y ahora qué?, entonces vino la desesperación y el desánimo en su corazón.

En sus momentos más difíciles, entendió que el Señor, su Palabra y su familia, eran el consuelo más grande.

El Señor le habló por medio de Isaías 41: 10:  “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Y también en 2 de Corintios 4: 8-9 “que estamos atribulados en todo, más no angustiados; en apuros, más no desesperados; perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos.”

En el lugar donde vive, existe el correspondiente Seguro Social, pero para formar parte de la lista de cirugías el procedimiento es muy engorroso y solo buscando un médico que trabajara en el lugar, le podían ayudar, pero para eso se requería pagar la consulta.

Al estar ya varios meses sin trabajar y reducido su salario, quedaba muy económicamente.

Pero el Señor es fiel, ya que tocó el corazón de un familiar, quien le ayudó a buscar el médico y asumir los costos.

Le llega a su memoria, guiado por el Espíritu Santo,  Gálatas 6: 9-10 “No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Y Proverbios 22:4 “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová”.

Fue visto por el médico recomendado, viendo el caso, le explicó lo complejo que era,  le hizo  la referencia, pero no le prometió nada.

El trámite para Abelardo no fue nada fácil, pero por la misericordia del Señor, fue llamado a que se presentara en la Clínica, acompañado por su esposa, con las oraciones de su hijo en la casa y con un gran susto se apersonó al lugar, la espera fue eterna y en su mente pensaba en el Salmo 23 “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida. Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Le tocaba ya el turno, pero sucedió que una mujer adulta, ingresó al consultorio y dejando la puerta abierta, le decía al médico, que, por recomendación de otro médico, no podía hacerse la cirugía, que se la cancelara.

Abelardo pensó, estoy aquí a ver que pasa y esta se da el lujo de cancelar.

Llegó el momento y ya dentro del consultorio, el médico mirando los exámenes que el llevó, dijo, su problema es una emergencia y estamos saturados, pero lo vamos a operar en cuatro días. Abelardo comprendió que fue sustituido por la señora que  canceló.

Y se decía, yo que estaba tan preocupado y ahora recuerdo lo que dice

Filipenses 4:6-7 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestro corazón y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

El Señor actúa de muchas formas y pensó en el ciego de nacimiento que Jesús sanó (Juan 9:1-12).

Pasado los cuatro días, llegó el momento de la cirugía.

Un día diferente, con mucho temor, pero confiando en el Señor.

En las horas de espera, pensaba en un Salmo, aunque no se lo sabía del todo, recordaba solo, ten misericordia de mí, o Dios, porque confío en ti.

Salmos 57: 1-3 “Ten misericordia de mí, oh, Dios, ten misericordia de mí; Porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé. Hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, Al Dios que me favorece. Él enviará desde los cielos, y me salvará. De la infamia del que me acosó; (selah) Dios enviará su misericordia y su verdad”.

Antes de que lo prepararan para pasarlo a la sala de operaciones, firmó un documento, el cual hasta la fecha no sabe qué decía.

Entró a sala de operaciones, y cuando se despertó estaba en un salón, observando a varios pacientes.

Se dio cuenta que loas demás personas estaban operadas por la misma situación en la cual él estaba allí.

Pero observaba como unos estaban con sondas, otros quejándose de dolor, uno que lloraba porque no podía mover sus pies, conmovido hizo una oración en silencio y después sintió que podía mover sus pies, manos y pudo bañarse solo, para sorpresa de los asistentes, enfermeras y médicos.

Una enfermera y un médico se acercaron y le dijeron lo suyo es un milagro, solo acató a decir, lo que El Señor empieza, Él lo termina bien, para gloria y honra.

La recuperación de Abelardo fue lenta y nada fácil para su esposa e hijo, pero sin complicaciones, dándole las gracias al Señor.

Vino otra vez a su mente, 1 de Tesalonicenses 5: 18 “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Abelardo, ya incorporado en su vida cotidiana, comenzó con dudas, ya que él quedó aproximadamente con un 85% de su capacidad.

Preguntándose ¿Por qué y para qué había pasado todo esto? por cuanto su vida laboral cambió, poca tolerancia con su familia que tanto lo cuidaron (esposa e hijo).

Pero orando al Señor, se acordó de aquellos profesionales en salud, que le dijeron lo suyo es un milagro.

Y dijo, siempre he pensado que los milagros son eventos extraordinarios o sobrenaturales, como dice Deuteronomio 6:22 “Jehová hizo señales y milagros grandes y terribles en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa delante de nuestros ojos”.

Se decía, ¿cuál sería el milagro?, ¿fue la señora que renuncia a la cirugía, o que salí sin complicaciones después de la cirugía? pero no quedé del todo bien.

Volviendo a escudriñar la Palabra del Señor con alegría, dijo, la realidad es que el Señor no hizo un milagro sino varios milagros en mi vida y fue desde el inicio de todo este proceso.

No fue algo sobrenatural como él pensaba.

-Cuando el dolor era insoportable, antes de la cirugía, confió en el Señor.

1de Pedro 1:7-9 para que sometida a prueba vuestra fe, mucha más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas”.

-El Señor puso gracia en los médicos y personal de salud en todo el proceso. (Soberanía).

-A pesar de lo costoso de la cirugía, oró y el Señor respondió de acuerdo con su soberanía, (oración y la voluntad del Señor)

-El tiempo  que estuvo incapacitado, no dejó de escudriñar la Palabra de Dios. (alimento espiritual).

– Tiempo para orar y pedir perdón (arrepentimiento).

-La tolerancia y el amor de su esposa e hijo (familia).

-El amor del familiar que le ayudó y las oraciones efectivas de los hermanos en donde se congrega. (promesas del Señor). Santiago 15: 13-15 “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecado, le serán perdonados”.

-Experimentó la mano del Señor, en los médicos como medio, pero Él hizo todo. (el Señor tiene el control).

-A pesar de las dolencias o secuelas de la cirugía, comprende que basta con la gracia del Señor y cada vez que siente molestias o dolor, sabe que el Señor es misericordioso, le ama y cuida.

2 Corintios 12:9 “Y me ha dicho: bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.

Y que su amor es tan grande, que su hijo, nuestro Señor Jesucristo dio su vida por amor, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna y es llamado hijo de Dios. (milagro más grande).

Abelardo, pensó en su corazón, me falta muchísimo para llegar a la altura, espiritualmente hablando, de Pablo, Pedro, Santiago, etc.

Pero por gracia y fe, el Señor Jesucristo me va perfeccionando.

Y hoy más que nunca, puedo decir los Milagros si existen, y se manifiestan todos los días.

Aunque las definiciones teológicas lo interpretan como eventos extraordinarios y sobrenaturales.