Jesús el hombre perfecto / Reflexiones con Gloria

Gloria Rodríguez / Mujeres sin Fronteras /

De Él hablaron los profetas anunciando su nacimiento, se le llamó Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

El sería el varón de dolores experimentado en quebranto.

Se profetizó que había de ser enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los presos apertura de cárcel, a dar óleo de gozo en lugar de luto, manto de alabanza en lugar de espíritu deprimido.

Su anunciación

Fue anunciado por el ángel Gabriel a una joven doncella llamada Miriam, diciendo:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios”. (Luc: 1-35).

Su nacimiento

De pronto apareció una multitud de ángeles del cielo que alababan a Dios y decían: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de buena voluntad». (Luc 2: 13,14).

Era una noche común como tantas otras, había pastores en aquella región que guardaban las vigilias de la noche, el tiempo transcurría, las estrellas brillaban en el manto negro del firmamento, la brisa se dejaba oír a través de los árboles, el aire era frío… de vez en cuando se escuchaba el balido de alguna oveja como si presintiera que algo estaba por acontecer, el resto del rebaño descansaba en delicados pastos verdes, los pastores cabeceaban y de repente el cielo se iluminó con su gloria.

Todo comenzó a cobrar vida, la brisa se hizo más fuerte, las hojas de los árboles se mecían, el silencio de la noche se convirtió en alabanza, los pastores estaban atónitos con la mirada fija en el ser angelical que decía:

 «No teman os doy nuevas de gran gozo que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador que es Cristo el Señor».

Juntamente apareció una gran multitud de ángeles del cielo que cantaban y decían «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres y buena voluntad»!

Unos sabios de oriente vieron su estrella y viajaron de tierras lejanas para adorarle y ofrecerle presentes.

Simón y Ana se dieron cita el día que sería presentado en el templo y al verlo hablaron grandes cosas de Él.

Reflexionando en cada uno de estos acontecimientos donde habían involucrados ángeles, pastores, ovejas, sabios, estrellas, ancianos, profetas… llama la atención que en todo este acontecimiento no fueron notificados los fariseos, los sacerdotes, reyes ni emperadores.

No fue presentado en la sinagoga, ante teólogos ni a la alta casta de aquel entonces, las personas elegidas para presenciar la gloria de su nacimiento fueron las gentes sencillas y humildes.

A los doce años se sentó con los doctores de la ley y su sabiduría les causó asombro.

Su vida y su ministerio

No tenía un micrófono, púlpito ni plataforma con luces de colores, no usó ropas costosas, ni automóviles último modelo y cuando necesitó un transporte fue un pollino.

Le causaba admiración las ofrendas de los menesterosos y lo reconocía en público. Él no tenía donde recostar su cabeza.

Sus púlpitos eran los montes, barcas, casas, los pueblos, las calles y cualquier lugar donde estuvieran las multitudes necesitadas, lo seguían los desposeídos, los pobres, menesterosos, desprotegidos, afligidos, abatidos, enfermos, ciegos, cojos, lunáticos, sordomudos, leprosos, prostitutas, viudas, huérfanos, ladrones, cobradores de impuestos, los marginados, los pecadores, los endemoniados, lo vil y lo menospreciado.

Su mensaje

Fue el amor, la misericordia, la paz, la salvación, la compasión, la justicia y el perdón, la humildad y la paciencia.

Se destacó por la multitud de milagros que ejecutó, cambió el agua en vino, multiplicó los panes y los peces, caminó sobre el agua, reprendió los mares, calmó la tempestad, resucitó muertos, limpió leprosos, dio vista a los ciegos, levantó a los paralíticos, comió con cobradores de impuestos.

Las multitudes lo seguían, muchos lo amaban, otros lo odiaban.

Su mensaje conquistó el corazón de hombres, mujeres, ancianos y niños. Confrontó a los religiosos de la época y expulsó del templo a los mercaderes.

¡Era moderado y firme! su presencia infundía respeto, nunca rechazó a nadie, su mensaje se enfocó en el perdón, la salvación y la vida eterna por medio de su propio sacrificio.

Sus amigos lo vieron llorar, comió y durmió con ellos, su familia lo menospreciaba…

Fue tentado en todo, pero no pecó, fue avergonzado, abandonado, traicionado, golpeado, torturado, crucificado y cruelmente asesinado.

Pedro lo negó tres veces; con todo, perdonó a sus detractores.

Le agradó la ofrenda de nardo puro que derramó María sobre Él ungiéndolo para la sepultura, por lo que sería recordada en todas las generaciones.

¡Su tumba está vacía pues ha resucitado!  Él es el Gran Yo Soy, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el Alto y Sublime, el Hijo de Dios, el Buen Pastor, el Príncipe de Paz, el Señor de Señores, es el Rey de Reyes y reina por los siglos, es el Único y Sabio Dios.

Quien nos amó y dio su vida por nosotros, para que todo aquel que cree no se pierda mas tenga vida eterna.

En su muerte todo se oscureció, la tierra se estremeció y se sacudió violentamente cuando el expiró, los sepulcros fueron abiertos y los muertos resucitaron…

¡Sigamos su ejemplo! sanemos enfermos, libertemos cautivos, resucitemos muertos, demos de comer y beber a los sedientos, consolemos a los afligidos, levantemos al caído, perdonemos a los que nos ofenden.

¡Apresúrate se acaba el tiempo!