Reflexiones con Gloria / Salmo 23

 

Gloria Rodríguez / Mujeres sin Fronteras /

Salmo 23

Anochecía en Belén, la temperatura era cálida y la estación seca propicia para mantener a las ovejas en los lugares montañosos.

David se encuentra junto al rebaño, reflexionando en el trabajo que está realizando, como ama a sus ovejas hasta el punto de dar su vida por ellas. Piensa en como las alimenta y a la vez, como ellas escuchan su voz y lo siguen.

Cuántas noches de desvelo: protegiendo el rebaño, dormitando a la interperie, exponiendo su vida por ellas, atendiendo los partos y cuidando a la recién parida.

Entre tanto, observa como descansan en los pastos verdes junto a aguas tranquilas, entonces, medita sobre la manera como él las protege y pastorea y se da cuenta que nada les falta.

Mientras está sumido en sus pensamientos… exclama: ¡El Señor es mi pastor nada me faltará!

Inspirado en su meditación continúa diciendo:  «en lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará».

Hace una pausa… recuerda las noches de oscuridad, de soledad, del silencio en la montaña y menciona: «confortará mi alma, me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.»

Medita en los valles que ha tenido que cruzar expuesto a los ataques de los leones feroces y de osos, como los ha vencido, guiando a las ovejas con su vara a lugar seguro.

Es así, que hace la comparación con el cuidado del Buen Pastor y grita: «aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno porque tu estarás conmigo, tu vara y tu callado me infunden aliento».

En ese momento se da cuenta que en medio de las circunstancias, Dios tiene una mesa servida en presencia de los angustiadores, continúa sus meditaciones y viene a su mente el cuidado que  tiene para ungir la cabeza de la oveja con aceite para evitar que insectos la moleste hasta la locura y que no se  golpeé.

Ahora declara : «unges mi cabeza con aceite y mi copa está rebosando» finaliza con la frase: «ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida y en la casa del Señor moraré por largos días«.

Este salmo nos muestra el gran amor de Dios por nosotros sus ovejas, en todas las cosas que nos suceden en el diario caminar, en medio de las pruebas, el Buen Pastor está allí para cuidarnos, para servirnos una mesa de bendición en presencia del enemigo, notificarle su derrota y ungiendo nuestra cabeza hasta que nuestra copa rebose, haciéndonos entender que «el bien y la misericordia corren detrás de nosotros todos los días de nuestra vida».