Reflexiones con Gloria

Gloria Rodríguez / Directora de Mujeres sin Fronteras /

Texto base: Juan 3:16

Se que todos conocemos este versículo. En mi caso ha sido el fundamento de mi fe, de su inmenso amor hacia a mi.

Es de hecho el faro de luz que ha alumbrado mi camino todos estos años.

Es el primer versículo que aprendí y el cuál me ha sostenido en los momentos de prueba fortaleciendo mi fe.

En este tiempo que vive la humanidad ha sido mi sustento, mi fuerza y mi esperanza.

Tener la certeza de que en lo infinito, en la alta mansión hay un Dios Santo que te ama de tal manera, que dio a su único hijo como un regalo para darnos salvación. Esta verdad acrecienta mi fe.

Y aunque no puedo comprender la grandeza de su amor, me es tan maravilloso que me seduce, me enamora y me muestra que no estoy sola.

Él está conmigo, solo me dejo amar y que sus brazos me arropen.

Cuando las fuerzas me faltan y flaquea mi fe, su amor me inunda y me llena de paz.

En este pasaje de Juan, hay una gran riqueza. Muchas veces la repetimos y la sabemos de memoria.

Pero detengámonos un momento y reflexionemos en la riqueza que en ella se encierra.

Dejemos que se haga rhema en nosotros y disfrutemos de la dulzura de la miel que destila este mensaje.

Transmitamos este regalo de amor a aquellos que se sienten solos y sin esperanza para que recobren las fuerzas a través de su amor.

Contagiemos al mundo de gozo, de paz de gracia y de felicidad. Amemos porque Él nos amó primero.

Sigamos soñando, cantando y disfrutando de la belleza de su creación. Él cambió la historia y le dio un antes y un después.

Él nos ama y nunca nos dejará de amar.